En las ciudades que hoy dan la cara —sin miedo y con el pecho abierto al movimiento artístico actual—, el arte actoral se vive entre la luz y la penumbra. Hay una multitud de actores que ya habitan una realidad luminosa, cómoda, incluso famosa. Esos que han llegado, de una u otra forma, a "la luz", como solemos llamarla: aquellos que se dedican a la televisión, al cine, al teatro, y que han sido vistos, aplaudidos, nombrados.
Pero hay otro grupo. El más grande, el más invisible. El de las sombras.
No aparecen todos los días en televisión, no están en la cartelera del cine, ni llenan las butacas de los teatros. Pero son, sin embargo, quienes sostienen la armonía del movimiento.
A pesar del trato injusto, de los pagos inexistentes o postergados, de la falta de reconocimiento o fortuna… no se detienen.
Ni el viento, ni el mar, ni los huracanes logran doblegarles.
Quieren dejar atrás el umbral de lo invisible. Su propósito no es otro que vivir por y para su arte, los 365 días del año, 24 horas al día, siete días a la semana.
Actúan donde se les ubique, en lo que se les permita, con lo que se tenga… pero jamás sueltan la grandeza de sus sueños.
¿Es acaso la sombra un tipo de luz que aún no ha nacido?
¿O será la luz apenas un camino inevitable hacia la sombra?
Como aferrarse a una verdad universal que todos intuimos, pero que nadie ha logrado nombrar sin inventarla.
Los actores de las sombras, en cada función, en cada ensayo, lanzan la casa por la ventana. Para ellos, una oportunidad no es pequeña: es inmensa, eterna. Puede cambiarles el día, la vida… como a los niños, que con el gesto más simple pueden quedar marcados para siempre.
"Por todos los que un día se atrevieron a gritar que la Tierra era redonda
y que había algo más que dragones y abismos..."
A pesar del viento en contra, a pesar de la caída, a pesar de la muerte.
Los que se levantan más fuertes.
Los que renacen.
Especialmente a quienes siempre vivirán en el anonimato.
Ese al que solo le queda, al final del día, la esperanza de que el milagro —el que nos han prometido a todos— llegue por fin. A veces lo hace. A veces se demora. A veces nunca.
Ellos, los de la sombra, son los que muchos desconocen.
Siguen firmes, con la mirada puesta en la cima.
Y entonces surge la pregunta:
Responderlo sería tan difícil como descifrar el misterio de la vida y la muerte.
Lo que sí podemos afirmar es que el mundo, este escenario inmenso, nos pertenece a todos: a creadores y espectadores, a quienes brillan y a quienes aún esperan su instante de luz.
Como canta Eva Amaral:
El mundo aún es habitable —y hermoso— gracias a quienes han decidido no rendirse.
Este es un homenaje a todos los actores del mundo.
@j_sanchez_ob
.jpg)
.jpg)